lunes, 10 de diciembre de 2012

El hombre que mató a Liberty Valance (1962) de John Ford

Siempre he sentido fascinación por el personaje-tipo del western crepuscular. En esta película el héroe va llegando a su final  quemando el hogar soñado, con botella de licor en mano y hundido en el cansancio. Es un personaje cuyo acto más noble se realiza entre las sombras y el anonimato. La hazaña, entendido como logró final en todo western, no es una secuencia o escena de lucha entre el bien y el mal, todo lo contrario, queda reducido dicha hazaña a una frase coloquial de una mentira convertida en leyenda, que deja un sabor amargo entre los que vivieron junto al personaje-héroe: "harían lo que sea por ... el hombre que mató a Liberty Valance"


Pero no es sólo el tratamiento del personaje-tipo lo que fascina en esta película. La fotografía en blanco y negro logró momentos notables sobre todo en las secuencias nocturnas y de interiores. No hay grandes tomas o panorámicas salvo en el comienzo y final de la película donde el ferrocarril como símbolo de la modernidad ha arrasado con la idea del western donde el bien y el mal se enfrentaban. El siguiente fotograma ilustra como la escena del duelo no es ya el enfrentamiento de dos ideas contrapuestas sino una visión parcial, recóndita y oscura del mundo en que se desenvuelven.


Hay otro aspecto que ha llamado mucho la atención desde que se estreno la película y que sigue siendo vigente hasta el día de hoy. Se pretendió y se logró hacer un film con calidad artística. No se trata de afirmar que con esta obra el director alcanzó el nivel de excelencia. Hace mucho tiempo que Ford era considerado un extraordinario director. Pero es loable que haya elevado un género ya caduco en esos años a niveles superiores de expresión artística.

Hugo J. Robles Cosco
Historiador del Arte

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