miércoles, 15 de mayo de 2013

El último emperador (1987) de Bernardo Bertolucci

El drama histórico del personaje principal Pu Yi es narrado en una serie de etapas de su vida, desde la niñez hasta la ancianidad, en forma de biografía no siempre cronológica. El aspecto que más llama la atención de la película es el desenvolvimiento del personaje (más social que psicológica)  en medio de circunstancias que marcan la historia de la cultura China desde el fin del Imperio hasta la moderna China de Mao Tse Tung. Las primeras imágenes y secuencias de la película tienen el valor de adentrarnos por medio de una cuidada escenografía, fotografía y banda sonora a los ritos y ceremonias de una cultura milenaria y confrontar todo el artificio del poder con la ingenua y deslumbrada visión del pequeño monarca.


Los valores técnicos del film (vestuario, maquillaje) que estilizan la imagen y recrean magistralmente la reconstrucción de los hechos se sustentan en un guión que no pierde nunca de vista que el drama humano es más trascendental que el hecho histórico. En el siguiente fotograma el despliegue escenográfico no deja ser intimo por el color y la composición que aíslan al personaje principal. 


No hay en toda la película un atisbo de critica histórica sino una intensificación de las consecuencias de los actos lo que provoca nuestra interpretación del drama vívido por el personaje principal. El director no intenta reconstruir hechos sino emociones que repercuten en la vida de un personaje envuelto en los avatares de la historia. En este sentido la música de Ryuchi Sakamoto es magistral en cuanto expresa en las distintas secuencias el drama del personaje.


Hugo J. Robles Cosco
Historiador del Arte