Los recursos cinematográficos del director prueban una vez más que Allen no sólo es un excelente guionista y que sus películas no dependen únicamente de ese humor ácido que tan bien maneja. Las escenas tienen un halo religioso debido al uso de luces cálidas que crea esa sensación de misticismo y que confiere a la película una especie atmósfera sacramental que esta siendo trasgredida.
Se ha dicho muchas veces que es la película mas desalentadora que tiene Woddy Allen en su filmografía, y no cabe duda que la gran escena final entre los dos personajes principales bebiendo y conversando (ya no se trata de un debate racional y analítico) sino de las más sinceras confesiones de como definimos nuestras consciencias, es realmente abrumadora al espectador. Personalmente debo admitir que películas como ésta no solo causaron un efecto estético, sino también formaron parte de una nueva manera del ver el mundo a fines de los ochenta. Y como todo en esa década, no fue precisamente alentadora.
Hugo J. Robles Cosco
Historiador del Arte



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