El enfrentamiento con la institución psiquiátrica, en el cual se encuentran los personajes, queda encarnada en la figura de una enfermera cuyos poderes se intentan doblegar. Pero como fiel encarnación del dominio y ejerciendo las facultades de defensa de la normas se torna dictatorial y espeluznante en la manera de llevar a aplacar cualquier intento de alteración de las normativas del sanatorio. Esta figura fue magistralmente interpretada en la película cuya frialdad, rigidez e hieratismo interpretativo es desde mi punto de vista una de las mejores interpretaciones que el cine nos ha ofrecido.
En los últimos años la película ha sufrido una serie de connotaciones dado su mensaje simbólico. Algunos han querido ver una critica contra todo sistema que oprime a sus ciudadanos a las normas y reglas todopoderosas, otros, una brutal reducción del ser humano a la inconsciencia y somnolencia social, y más de uno, un severo castigo a aquellos, como el presunto violador, a las justicias encarnadas por la enfermera por el bien social.
La escena final, con todo su dramatismo, es la consecuencia de toda lucha, donde algunos caen, otros triunfan, pero la mayoría siempre gana, pues el nuevo horizonte es un nuevo comienzo.
Hugo J. Robles Cosco
Historiador del Arte



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