miércoles, 17 de julio de 2013
A sangre fría (1966) de Truman Capote
Uno de los aspectos que impresiona al leer esta novela consiste en esa rara sensación morbosa por llegar al clímax de la trama. A saber los hechos que ocurrieron en la matanza de una familia de clase media norteamericana por los dos malhechores. Pues es en esa morbosidad latente en la que reside "in crescendo" la historia de la novela. ¿Una provocadora invitación a la violencia reprimida del lector medio? Si ese es el objetivo de la novela es en justa razón una voraz crítica de la violencia que Capote logra hacer participe al lector.
La historia, alternada por diferentes visiones de los personajes de la trama, logra fragmentar la narrativa de tal manera que provoca una disolución de los hechos y de los motivos reales de tan violento final. Ni siquiera al final podemos estar convencidos de las razones que se llevaron acabo. Poco importa en realidad. Y es que los asesinos, la policía, el narrador periodista se diluyen en sus conclusiones como las manchas de sangre dejada durante el crimen. Que hacen más desconcertada y atrayente la violencia.
La violencia explicita e implícita del autor y lector presupone una comunicación de una alta dosis de compatibilidad como cuando al execrar la violencia no dejamos de observarla. Este hilo conductor que Capote propone sigue siendo tan vigente en sociedades de violencias explicitas como la nuestra como de violencias implícitas como el norteamericano.
Hugo J. Robles Cosco
Historiador del Arte
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